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sábado, 14 de enero de 2012

RECUERDOS EN CONDICIONAL

Dicen los expertos que las experiencias que tienen las personas las configuran. Que todo aquél que forma parte de la vida de uno lo modela y moldea. Según esto, todo el que pasa por nuestra vida, aunque sólo sea un segundo, nos marca. Seríamos diferentes si esa persona no hubiera aparecido. Las personas nos cambian la vida.

Como dijo Jorge Luís Borges: "Cada persona que pasa por nuestra vida es unica,siempre deja algo de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no dejarán nada".

La vida de uno cambia según quién haya estado en ella, cada uno es quién es por quién estuvo junto a él. Las personas nos condicionan la vida, y yo...

Yo...

Debería pensar menos en ti, en nuestra historia, en nuestro adiós, en las secuelas que dejó.
Podría hacerlo si no sintiera que no me merecí tanto dolor. Si no sintiera cómo te necesité y no estuviste junto a mí.
Tendría que olvidar, que volver a empezar, pero siempre estás presente, en cada nueva relación. Para bien, para mal, para regular... siempre presente, como un fantasma que no se va, que se ha quedado encandenado a mi alma. Me he quedado encadenada a tu recuerdo.
Olvidaría si pudiera, pero te di tanto... ¿A caso tú me recordaste alguna vez? ¿A caso fui importante para ti? ¿A caso te condicioné la vida? ¿A caso no merezco un "me voy"?
Pensaría menos en ti si no hubieras sido un ideal cumplido, si no hubieras sido un ramillete de sueños alcanzados.
Caería una y otra vez a tus pies si tus caricias hubieran sido sinceras, tus palabras verdaderas, tus besos...
Sentiría menos angustia si no sintiese que todo mi tiempo contigo, mi cuerpo junto al tuyo, mis caricias, mis besos... los atraía el agujero negro de tu indiferencia.
Lloraría menos si no sintiese el rubor de quién se desnuda en una balanza desequilibrada.
Recordaría menos si... Tendría que recordar menos, tendría que recordarte menos, tendría que... Recuerdos, siempre recuerdos... Recuerdos en condicional. Me condicionaste la vida.












sábado, 3 de diciembre de 2011

LA FUERZA DE LAS PEQUEÑAS Y SIMPLES COSAS

     Cuando nadie mira, en la soledad de la habitación, del cuarto, del corazón... uno se desenmascara. Uno olvida el disfraz, la armadura y la lanza y vuelve al origen.

     Busca en cajones crayones con los que proyectar su origen, sus sueños... Busca una sábana que teñir y que le arrope en la oscuridad de la noche.

     A veces, en el cajón, junto a los crayones hay pequeñas cosas que no se sabe dónde colocar. A veces inservibles, otras, tan importantes que no se puede cerrar el cajón. ¿Por qué no hacer un collage con todas?

     Quizá, a la luz de la mañana, sólo quede una sábana arrugada y cada cosa colocada en su sitio. Quizá, a la luz  de la mañana. Quizá.

 


     Pequeñas cosas, simples cosas que guardar en el corazón y que son la brújula del pasado, del recuerdo... a veces blanco, a veces negro, a veces multicolor...

"(...) Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
              y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas (...)"

     También comprende cuán importante es haber encontrado la esencia que mueve la vida, la propia vida. Al menos uno sabe hacia dónde dirigirse. Qué camino escoger, eso ya, es otro cantar.


Papá Dembo es tan grande como un baobab
y es el más sabio de toda la aldea.
Papá Dembo es mi abuelo 
y cuenta las historias mejor que nadie.
-Dime, Papá Dembo, dime, ¿de qué color es África?
- ¿África, pequeño Chaka?
África es negra como mi piel,
y roja como la tierra,
y blanca como la luz del medio día,
y azul como las sombras del atardecer,
y amarilla como el gran río, 
y verde como las hojas de las palmeras.
África, pequeño Chaka,
tiene todos los colores de la vida.
(...)
-¡Pero, Papá Dembo,
yo no quiero que te mueras nunca!
- La muerte, pequeño Chaka, 
la muerte es un vestido que todo el mundo
se pondrá algún día.
Pero el mañana está aún lejos
y a mí me quedan aún por delante
muchos días, meses y años
para contarte más historias que te harán
guardar en el corazón el recuerdo de África.
Y puede que más adelante,
cuando tú tengas mi edad, pequeño Chaka,
seas tú el que le cuentes a tu nieto
las historias de Papá Dembo.
Entonces, allá donde yo esté, sonreiré feliz.
(África, pequeño Chaka... Marie Sellier & Marion Lesage. Ed. Edelvives)