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domingo, 20 de septiembre de 2015

DESARROLLO... INVOLUCIÓN, QUIZÁ.

A lo largo de los años, de los siglos y de los milenios, el ser humano ha ido saciando su sed de conocimientos, ha ido calmando su necesidad de responder a preguntas que le intrigaban a cerca de lo que le rodeaba, y de este modo se ha producido eso que llaman desarrollo.

Desarrollo. Y todos pensamos en tecnología avanzada, máquinas robotizadas que cada día se asemejan más al ser humano. Edificios inteligentes en los que, con tan sólo apretar un botón, todo se pone en marcha o deja de hacerlo; medios de transporte menos contaminantes, nuevos materiales, energías alternativas... Todo eso está muy bien, pero, ¿no es un poco reduccionista? ¿No estamos limitando al ser humano a evolucionar en su cognición?

Yo me pregunto, ¿y qué sucede con las emociones? ¿Qué ocurre con ese motor que nos hace relacionarnos con los demás y que es innato en nuestra especie? ¿Por qué se está dejando de lado? ¿Por qué no se le da valor? ¿Por qué no se invierte en la investigación en este terreno? ¿Por qué ya, desde la Escuela, y promovido por leyes sin sentido, se intenta evitar que el ser humano se desarrolle en eso que le hace humano?

Es triste, muy triste. Y quizá no estemos siendo conscientes de ello porque, estamos tan centrados en lo intelectual, que nos estamos olvidando de poner nombre a lo que sentimos. Nos estamos olvidando de tener un criterio que nos permita discernir que, quizá, el desarrollo también tenga que ver con ser cada día más capaces de crear relaciones de igualdad, respeto, tolerancia, equidad... relaciones que nos permitan convivir y luchar por aquello que creemos justo; relaciones en las que nadie nos diga qué pensar, qué opinar, qué decidir... aunque sea de manera encubierta.

Del currículo de la educación obligatoria se están eliminando todas aquellas materias que tienen que ver con la piel, con sentir, con pensar, con abrir los ojos y la mente a otras realidades, a otras opiniones, a otras formas de pensar... ¿Por qué? ¿Qué temen?

Quizá que aprendamos y evitemos eso de que "el hombre es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra", y así continuar con el monopolio de las mentes.

¡Y qué inteligente es el ser humano! ¡Cómo va creciendo su cerebro a medida que su inteligencia se va desarrollando y va alcanzando nuevos retos! ¡Qué orgullo!

¡Qué pena! ¡Qué lástima! Cada vez nuestro corazón se hace más pequeño y nuestra piel se arruga más, porque se siente menos. Y si alguien decide alzar la voz y proclamar que hay algo más llamado inteligencia emocional, algo llamado intenligencias múltiples (dónde no sólo tiene cabida "lo racional"), se le tacha con un color y tinte político despectivo.

¡Señores! La emoción no entiende de política, ni de pensamiento, ni de partidos políticos. La emoción sólo entiende de sentimientos, sólo entiende de eso que un día les hizo enamorarse de sus parejas, anhelar la ausencia por la muerte de un ser querido o ilusionarse con sueños adolescentes. 

¡Señores! Están contribuyendo a la crionización  del ser humano. Igual piensan que el desarrollo podrá salvarles en algún momento. 

No se sorprendan si, sin mucho tardar, en el momento en el que necesiten de la ayuda de alguien, nadie se la dé. Serán responsables de que tenga congelado el corazón.


viernes, 16 de septiembre de 2011

PROPÓSITO PARA EL NUEVO CURSO: DOMESTICAR CON RITOS.


(…)


-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos... "


(…)


-Empiezo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
-Es posible -dijo el zorro-. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...! 


(…)


Al día siguiente volvió el principito. -Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -dijo el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas.


(…)


-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el principito, a fin de acordarse.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... -repitió el principito, a fin de acordarse. 


(…)
"El Principito" (Antoine de Saint-Exupèry) 


sábado, 14 de mayo de 2011

APRENDER DE LOS PÁJAROS

"BINTA Y LA GRAN IDEA" (Javier Fesser para Unicef - En el mundo a cada rato)

"Mi padre dice que todos debemos aprender del comportamiento de los pájaros. Los pájaros son tan listos que cogen lo mejor del norte y lo mejor del sur" (extracto del cortometraje)

Primera Parte
Segunda Parte

sábado, 5 de febrero de 2011

¿ACABAREMOS ASÍ?

Nota creada el 22/04/2006

"Cuando los padres se acostumbran a dejar hacer a sus hijos; cuando los hijos ya no toman en cuenta lo que aquellos dicen; cuando los profesores tiemblan ante sus alumnos y prefieren adularlos; cuando, finalmente, los jóvenes desprecian las leyes porque ya no admiten por encima de ellos la autoridad de nada ni de nadie, es el principio de la tiranía y el fin de la pedagogía" (Sócrates, por boca de Platón s. V a.C.)

DESDE ENTONCES HAN PASADO MUCHOS SIGLOS Y AÚN EXISTE PEDAGOGÍA, PERO ES VERDAD QUE CADA DÍA MÁS TIRANÍA, ¿NOS QUEDAMOS IMPASIBLES PORQUE QUIZÁ NOS HEMOS HABITUADO A ELLO?, ¿VALDRÁ LA PENA ESFORZARSE Y "SUFRIR" POR EDUCAR A NUESTROS HIJOS PARA QUE VIVAN EN UN FUTURO ESTABLE Y SEGURO?, ¿VALDRÁ LA PENA LUCHAR EN CLASE PORQUE HAYA RESPETO Y ESCUCHA AUNQUE SEA EL ÚNICO LUGAR DONDE LOS ALUMNOS LO HAGAN?, ¿VALDRÁ LA PENA?.

sábado, 8 de enero de 2011

"THIS TIME FOR AFRICA" (Shakira - Official World Cup Song)

Nota creada el 2 de mayo de 2010
“Alicia se rió: “no tiene sentido intentarlo”, dijo: “no se puede creer en cosas imposibles” “Yo más bien diría que es cuestión de práctica” dijo la reina. “Cuando yo era joven, practicaba todos los días durante media hora. Muchas veces llegue a creer en seis cosa imposibles antes del desayuno” (Lewis Carroll - Alicia en el País de las Maravillas)

¿Qué no tiene sentido intentarlo? ¿Qué no se puede creer en cosas imposibles? Por supuesto que sí.

Es importante creer en las cosas, pero más importante es aún, CREÉRSELAS. ¿Cómo se consigue? "Practicando"; media hora, como la reina, aunque a veces, con 5 minutos diarios es suficiente, como diría alguno.

Este año se juega la World Cup en Sudáfrica, "wow, qué lugar tan exhuberante, tan paradisiaco, tan estimulante, tan "aventurero"... Vienen a la cabeza los safaris, las jirafas, los leones, la vegetación salpicando el desierto... "Corre, coge los billetes a Johannesburgo que vamos a vivir una aventura. ¡Vamos a la selva!."

Todo el mundo, y nunca mejor dicho, dedicará, al menos, 5 minutos diarios a Sudáfrica; los 5 minutos de los deportes en el telediario, aunque sólo sea hasta que su equipo quede eliminado. Pero dedicará 5 minutos y Sudáfrica existirá para el mundo, al menos, durante esos 5 minutos. Desgraciadamente todavía se sigue pensando que las cosas existen en la medida en que les dedicamos nuestra atención, pero yo me planteo ese quebradero de cabeza que nos comentaron en las clases de Filosofía de COU: "si un árbol se cae en un bosque en el que no hay nadie, ¿hace ruido?".

Sí, aunque no haya nadie allí para escucharlo.

Con Sudáfrica pasa lo mismo, ha existido y existirá aunque no le dediquemos nuestra atención después de este Mundial, después de la película "Invictus" o después de las reseñas a Nelson Mandela. Sudáfrica y África. Pasa como Teruel. África también existe. Hay una diferencia, el patrimonio cultural y culinario de Teruel (véase, jamón) da muchas más satisfacciones a nivel mental y estomacal que los quebraderos de cabeza e inconvenientes a nuestra comodidad que puede presentar África, por eso, mejor pensar que el árbol no hace ruido, total, no está en nuestra mano cambiar las cosas, nosotros no podemos hacer nada. Además, para eso ya están las ONGs, los curas y las monjas.

Pero es una cuestión de responsabilidad. El desierto lo conforman millones de granitos de arena y cada uno tenemos en la mano uno, ¿vamos a hacer desaparecer una de las grandes maravillas de la Creación?

No quiero que quede la idea de que no hay que celebrar allí el Mundial. Hay que dar oportunidades (al final, las oportunidades nos diferencian, y ya existen demasiadas diferencias). Lo único que digo es que creemos un espíritu crítico en nosotros mismos y en los demás. Podemos cuestionarnos qué sucederá con la riqueza que consiga el país a partir de esta celebración, qué van a hacer con ella.

Es posible que los partidos se jueguen en las mejores zonas de Sudáfrica, pero en Sudáfrica también hay pobreza, también hay personas que viven en casas bajas con techos de uralita. Pero ellos no serán Sudáfrica este verano.

Este verano, África será el continente en evolución y crecimiento, el continente de las ofertas turísticas, de los grandes estadios; probablemente a partir del Mundial aumenten las demandas de safaris.

Pero, ¿qué pasa con las miles de personas que también existen en todo África y cuyo ruido del hambre y la enfermedad no suena porque no lo escuchamos? ¿No existen? Existen sólo esos atletas y futbolistas que “corren tanto porque están acostumbrados a correr delante de un león” (como diría alguno). Quizá corran tanto porque para poder comer han tenido que robar y correr para que no les pillaran. Mejor una explicación con menos estereotipos, quizá la estructura ósea y muscular de la raza negra tenga más potencialidades para el desarrollo de la actividad física y deportiva; Marta, esto lo dejo en tus manos.

Mi postura no es anti-Mundial en Sudáfrica, para nada, mi postura es anti-no aprovechar la oportunidad para darnos cuenta de que el glamour que nos van a vender es sólo el 1% de la realidad y la riqueza africana, tanto del dolor como de la alegría, la cultura y las costumbres. ¡Que quede claro! Además, África no es sólo negra, Marruecos, Egipto… también son África.

Mi postura es aprovechar este vídeo para darnos cuenta de que en nuestros patios y parques los niños y adolescentes no copian tanto el abrazo “porque todos somos un equipo”, la caricia de consuelo al que pierde, o el “no pasa nada, lo has intentado”. Copian el escupitajo al césped, el meter una patada para quitar un balón, el dar la mano mirando el trofeo que he conseguido y no a los ojos del que está desilusionado porque ha perdido.

¿Por qué no usar como ejemplo este vídeo de lo que es el fútbol? ¿No se trata de disfrutar y hacer con amor lo que uno hace? Esto no está reñido con el afán de superación y de mejora; una cosa es la competición y otra la competitividad llevada al extremo.

¿Cómo puede dar tanto juego una canción y un vídeo meramente comercial que juega con las ilusiones y los sueños de una afición que busca el reconocimiento social a nivel mundial por ganar un trofeo?

Creo que tengo y tenemos la oportunidad de cambiar el enfoque de los partidos: vayamos a los bares, pidamos una cerveza y dejémonos “enamorar” por la ilusión y la esperanza de ver ganar a nuestro equipo. Comentemos la jugada, la injusticia del fuera de juego, el golazo desde el centro del campo, el regate a tres defensas… Comentemos, íntegra, una realidad que nos retransmiten sesgada.

Comentemos que tenemos una amiga “friki” que aprovecha en cuanto puede a meter la cuña publicitaria y ¡demos ejemplos! Haremos escuchar ruido del árbol en el bosque desierto.

Es posible que se me “haya ido la olla”, no digo que no, pero… el mundo está lleno de árboles que caen y no escuchamos.

EL PAÍS DE SIEMPRE JAMÁS

Nota creada el 11 de abril de 2010
“Nunca sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser, junto a ti, todo lo que soy” (Gregorio Marañón)
En multitud de situaciones que nos toca vivir a diario nos encontramos con este sentimiento. Un sentimiento de indefensión, de sentirse poco valorado; un sentimiento de no encontrar el espacio donde poder compartir todas las riquezas que uno lleva dentro.
Y esto nos sucede como adultos: en el trabajo, con los amigos, en casa con la familia… Pero como adultos también tenemos la capacidad de relativizar, de dar importancia a lo que realmente la tiene y de escuchar sólo aquellos comentarios (o ausencia de los mismos) que merecen la pena ser escuchados, porque nos conocemos, porque conocemos nuestras virtudes, nuestros defectos, nuestros potenciales…
Pero desgraciadamente no todos somos adultos; nuestros niños, nuestros adolescentes, nuestros hijos, nuestros alumnos; aún se encuentran en ese proceso de buscar su lugar en el mundo, buscar un hueco en este sin vivir, sin parar, sin escuchar, sin dedicar tiempo a lo pequeño, a lo cotidiano, al día a día… Y se encuentran perdidos.
Y sienten como nosotros, los adultos, que tienen muchas cosas que ofrecer, mucho con lo que poder sorprender y enriquecer al que los rodea… pero no encuentran ni el espacio ni el tiempo donde poder demostrarlo. Y aún están aprendiendo a crearse su propia imagen, a conocerse a sí mismos, a poder exigirse con coherencia…
Y necesitan ayuda, pero… no saben como pedirla, quizá ni siquiera se den cuenta de que la necesitan;, sólo tienen ese sentimiento de indefensión, de sentirse infravalorado, que también tenemos nosotros. Y al final, en mayor o menor medida, podemos llegar a tener una imagen “incompleta” de nuestros niños, de nuestros adolescentes, de nuestros hijos, de nuestros alumnos.
Todo esto se acrecenta cuando el niño o el adolescente que tenemos delante, con el que convivimos diariamente, tiene alguna discapacidad, posee alguna dificultad de aprendizaje, de conducta, desconoce el idioma o, simplemente, está viviendo o le ha tocado vivir la dureza de una realidad que algunos no viviremos nunca.
Es verdad que la sociedad en la que vivimos promueve el “aquí y el ahora”, la inmediatez, la exigencia, la competitividad, el “no parar”; que nos sentimos condicionados a renunciar a muchas cosas para poder “seguir el ritmo”, para no quedarnos descolgados de un sistema que envuelve y atrapa, pero quizá deberíamos parar y plantearnos si es éste el mundo, la sociedad, la realidad que queremos para nuestros hijos y alumnos.
Al final, con nuestros actos también educamos.
Quizá deberíamos plantearnos que muchas de las difíciles situaciones que vivimos en las aulas y en casa están potenciadas y alimentadas por este ritmo, por esta pauta.
Es cierto, es fácil decirlo y muy difícil aplicarlo, hacerlo, pero también es verdad que eso de que “lo importante es la calidad y no la cantidad de tiempo”, no es del todo real.
Nuestros niños y adolescentes nos necesitan presentes, necesitan compartir con nosotros sus inquietudes, sus problemas, sus angustias, sus sueños, sus ilusiones… Necesitan sentir que no están solos, que no todo se reduce al momento de la cena, a la hora del recreo o a la hora de tutoría.
Quizá necesiten tener la posibilidad de “ser junto a nosotros todo lo que son”, porque, afortunada o desgraciadamente en esta vida, las posibilidades nos diferencian.
No es complicado, es complicadísimo; para algunos puede que sea una quimera, pero qué es si no la educación sino la esperanza de que nuestros hijos y alumnos consigan ser ejemplo de sabiduría intelectual, social, humana; qué es, sino la esperanza de construir entre todos una mañana mejor, en el que todos tengamos cabida, en el que todos tengamos, al menos, la posibilidad de decidir.
James M. Barrie, en su popular obra “Peter Pan” escribió: " Los niños a lo único que piensan que tienen derecho cuando se le acercan a uno de buena fe es a un trato justo. Después que uno haya sido injusto con ellos seguirán queriéndolo, pero después nunca volverán a ser los mismos. Nadie supera la primera injusticia: Nadie salvo Peter. (...) Las estrellas son hermosas, pero no pueden participar activamente en nada, tienen que limitarse a observar eternamente. Es un castigo que les fue impuesto por algo que hicieron hace tanto tiempo que ninguna estrella se acuerda ya de lo que fue. Por ello, las pequeñas todavía sienten curiosidades. "
Construyamos entre todos el país de “Siempre Jamás”, donde las estrellas luzcan en el cielo las virtudes que les otorgó quién allí las colocó.

SEGUIREMOS - MACACO -"Puerto Presente"

Nota creada el 29 de noviembre de 2009


Hoy me ha pasado algo extraño en la biblioteca (sí, he vuelto a la maravillosa vida universitaria; debe ser que sufro del Síndrome de Peter Pan).
Mientras perseguía el rastro de una mosca después de un rato de estudio, he pensado en recobrar una antigua afición que tenía en mis "tiempos mozos", intentar adivinar qué puede estudiar cualquiera de los que está a mi alrededor en función de sus ademanes, de qué tipo de material usa, de cómo va vestido... (vivan los prejuicios!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! es verdad, pero luego, al mirar los apuntes de cada una de ellas, una confirma una y otra vez, que es posible deshacerse de la mayor parte de ellos, sólo hay que trabajarlo un poco y dedicarle tiempo. Funciona).
En ese mismo momento ha llegado un hombre de mediana edad. Iba vestido de manera extraña, unos pantalones de pinzas verdes (como de felpa), un cinturón negro, unos zapatos de punta cuadrada y negros, una camisa ochentera bajo la cual llevaba una chaqueta de punto y un maletín de portátil.
Sin decir nada más los prejuicios asaltan nuestra mente: "¡qué pintas!", "¿pero y éste qué hace aquí?"... Cuánto más si digo que era negro, sí, negro, pero no un negro "afroamericano" (un norteamericano con una beca de estudios en España). No, era un negro africano. ¿Cómo lo sé? Cuestión de experiencias.
Total, un africano con ropa vieja y vestido de manera rara, con un maletín de portatil en la mano, ¿qué puede hacer en una biblioteca?
Antes de dejar volar mi imaginación para dar respuesta a esta pregunta he intentado ser paciente y ver qué sucedía.
Se ha sentado, ha abierto su maletín y ha sacado tres tres libros, papel de sucio, un par de bolígrafos y se ha puesto a estudiar. Ha debido estar estudiando como unas cuatro horas o así, sin levantarse.
Me comía la curiosidad, ¿qué podría estudiar?... No tenía ni idea y no he resistido la tentación: he mirado el libro y... GINECOLOGÍA. No coment.
Vivan los prejuicios y los estereotipos, viva el encasillar nuestro pensamiento en nuestro ombligo, viva el ver todo medio "negro" en lugar de verlo en colores.
Continúo estudiando y en otro lapsus para la oxigenación mental me detuve a mirar de nuevo el libro del africano "mal vestido", futuro doctor de una universidad española. Imágenes de la anatomía humana, ¿de qué color era ésta?, blanco, por supuesto.
Anatomía de un/a blanco/a, por supuesto, porque implícitamente queda el mensaje de que aquel que sufre y que debe ser sanado es un blanco.
¿Para qué cuestionarnos que la enfermedad también asola a los negros, mestizos, rojos, amarillos... si, como queda reflejado en millones de encuestas actuales y polvorientas, hay millones de personas que sufren la desnutrición, la fiebre, las mutilaciones, la malaria, el SIDA...?
¿Para qué cuestionarnos nada, si la erradicación de las diferencias devastadoras (que no enriquecedoras) se siguen alimentando por no querer renunciar al prestigio, a la comodidad, al poder... por no querer dar un paso políticamente incorrecto pero correcto humanamente? (Porque la erradicación de la pobreza es una decisión política).
Ahora, eso sí, los libros de texto de los colegios que lleven un montón de fotografías y de dibujos con montones de culturas, razas, religiones... interactuando pacífica y felizmente entre sí.
Claro, ya luego, esos niños crecerán y se encontrarán con libros en los que las fotos y los dibujos dicen lo contrario. ¡Anda, es verdad! Eso de que las diferencias nos igualan es un juego de niños, es un cuento de hadas para dormir, para limpiar las conciencias de quienes nos "manejan" subliminalmente.
En fin, gracias a Dios, de alguna manera extraordinaria, mi compañero negro africano volverá a su país a educar a las mujeres a cuidarse durante el embarazo, durante el parto y al bebé, después de haber estudiado cosas "estupendas" en libros de blancos, porque al final de todo, la verdad, lo servible, lo importante lo dominan los blancos.
¿Los demás colores? incompletos, ya sabéis, el blanco es la suma de todos los colores. Ahora bien, ¿esto también sucede en la piel?
Creo que seguiré yendo a la sección infantil de la biblioteca a sacar libros que pondré sobre la mesa de la sección de adultos.
"Los sueños cambiaron el destino de los hombres y de las naciones" ( Seguiremos-Macaco-"Puerto Presente")

FUNDACIÓN HOGARES CALASANZ, gracias.


Y EN LA INFANCIA TODO ES MÁS DURO.



LOS ÁNGELES DUERMEN EN LAS CALLES (Pedro Sosa)

Cayeron en las calles
en un día gris.
En los bancos del parque,
su nube de papel.
Los charcos, las aceras, los portales
al anochecer los vieron
mirando un cielo donde no pueden volver.

Sus alas se han caído,
no recuerdan ya
de donde han venido, ni si hubo alguna vez
un paraíso distinto
a una sonrisa y una taza de café...


Y entre un mar de zapatos y aceras
en su isla de cartón viajan lejos,
tan lejos de su paraíso,
tan cerca del infierno al que cayeron.
Y el frío congeló la esperanza.
Y el hambre hizo olvidar los olores
del mar y las flores en la noche (bis).


Caminan por las calles,
mundo sin alturas.
No hay vértigo, no hay miedo, no hay donde caer.
Y mientras saborean el menú del hambre:
"Tan cerca de la tierra el pan no sabe igual".
Caídos desde el cielo.
Atados en el suelo (bis).

"LA MAYOR" (Angelina Lamelas)

Nota creada el 31 de mayo de 2009

Yo no me llamo Alicia, claro que no. La que se llama Alicia es la niña que está dentro del libro que me han regalado. Yo me llamo Aarika, que es un nombre mapuche, y vivo en Temuco, que es un lugar de Chile. Tengo siete años y soy la mayor de tres hermanos. Mi papá trabaja con las vacas y mi mamá hace millones de cestitos que luego vende en la Feria de Temuco. Yo cuido de mis hermanaos porque soy la mayor. Mis papás me lo dicen todos los días: “Aarika, cuida de tus hermanos, que tú eres la mayor y tienes que dar ejemplo”.
Vamos los tres juntos a la escuela, que está bastante lejos. En verano caminamos descalzos para no gastar los zapatos, y en invierno hacemos que duren los que tenemos. Yo los estreno, Mario hereda los míos y Lucita los de Mario, que antes habían sido míos. Para eso sí que es bueno ser la mayor.
La maestra ya me había dicho que yo iba a tener un premio por no faltar ningún día a la escuela en todo el curso. Y hoy, que es el último día de clase, me han dado el premio, que lo han llamado “de asistencia”. Y el premio ha sido un libro.
Ni un día falté. Tuve anginas, y fui. Tuve calentura, y también. Lo más difícil fue ir la mañana que tembló la tierra y se cayó el cobertizo de la cuadra. Mi papá sacó en brazos a La Morocha, la ternerita recién parida, pero y estaba muerta. Yo y mis hermanos nos plantamos en la puerta de casa sin dar un paso. Lucita lloraba, que para eso es pequeña. Entonces, yo le dije a mi papá, mirándole a los ojos, que no íbamos a la escuela, que nos daba miedo por si se abría la tierra.
-Y nos traga…- dijo Mario.
- En la escuela os dan de comer, y eso hay que aprovecharlo. La tierra no se va a abrir.
(Como si él mandara en la tierra)
Mi mamá también temblaba cuando nos dio el beso de la despedida. La Lucita le tiró de la falda:
-¡Aúpa…!
Pero ella movió la cabeza:
-Cuida de tus hermanos, Aarika, que tú eres la mayor.
La tierra tembló dos veces en el camino de la escuela, y a mí me tocó abrazarles con mucha fuerza, tirados los tres en el suelo.
Y hoy me han dado el premio “de asistencia”. Lo llevo en un cestito que me ha hecho mi mamá para guardar el material escolar. Se dice así: material escolar. Nos hemos parado cuatro veces antes de llegar a casa, y siempre he sacado el libro para que lo vieran mis hermanos y para verlo yo. Alicia es rubia, y lleva una vincha blanca en el pelo largo. Viste de azul, con delantalito blanco, calza zapatos negros, brillantes y nuevos, y un conejito muy gracioso la está mirando.
Estaba deseando llegar para enseñárselo a mis papás. En mi casa no hay libros. Ninguno. Bueno, sí, ahora hay uno, “Alicia”, que también se llama “En el país de las Maravillas”. ¿Cómo serán las Maravillas…?
Mi mamá lo ha tocado con respeto y ha sonreído:
-¡Qué lindo…!
Lo he abierto y he comenzado a leer: “A-li-ci-a em-pe-za-ba ya a can-sar-se de es-tar sen-ta-da con su her-ma-na a la o-ri-lla del rí-o, sin- te-ner na-da qué ha-cer: ha-bí-a e-cha-do un par de o-je-a-das al li-bro que su her-ma-na es-ta-ba le-yen-do…”.
-Ahora sigue tú…
Ella se puso colorada, muy colorada, y ha bajado la cabeza:
-Es que yo no sé leer…
Y eso sí que no. En ese momento he empezado a hacer de maestra:
-Mira, mami: ésta es la o, que es muy redondita, y la i tiene un sombrerito, y la a es como la o, pero con un rabito…
Y está aprendiendo muy bien.
FIN